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LA HOGUERA DESENCADENADA

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NOTA DE LOS EDITORES

Transcurridos 25 años de la aparición del Movimiento Cultural Neón, sus integrantes, hoy en Perú, Estados Unidos, Francia y España, presentamos esta antología poética que reúne los poemas más destacados de sus miembros preeminentes y perdurables, así como entrevistas testimoniales de sus principales integrantes, además del ensayo que dio lugar a la primera antología, llamada Poemas sin límites de velocidad. Asimismo, con este libro honramos al poeta Carlos Oliva, fundador del Movimiento Neón junto a Leo Zelada, titulando con uno de sus versos —de su poema Lima III— esta antología, como ocurrió con la anterior. También, agradecemos a compañeros de viaje que no están, por diversas razones, en este libro, como Roberto Salazar, Martín Vela Tafur, Carlos García Miranda, José Gal’lino, Raúl Ángel Marín, Elí Martín, Nagel Díaz, Milagros Salcedo y Paul Saavedra, entre otros, cuyo recuerdo se extravía en nuestra memoria. Que a ellos, como a los poetas que integran esta antología, la poesía los salve y guarde, siempre.

Lima, 29 de julio de 2015.

Harold Alva Héctor Ñaupari

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Descripción

POEMA SIN LÍMITES DE VELOCIDAD

He visto una ciudad una avenida una calle inundada de cantos de poemas sonando como bocinas de carros y autopistas sin guardias de tránsito poemas a 200 Km. P/H libres raudos

veloces por llegar a los oídos del mundo donde la ansiedad la droga y los atropellos inventan colores siniestros y en medio de todo yo con mi bocina yo con mi voz levantada entre tantos accidentes risueño

ilusionado

y sin más palabras que estos versos sin frenos por las avenidas.

LIMA I

El arte de caminar por las calles consiste en ver tus defectos como versos aún no descubiertos en la noche

yo voy más lejos que aquel poema extraviado voy dibujando imágenes sin límites de velocidad palabras como una rosa que enloquece al vacío con esta percepción de ángel alucinado y febril Lima

¿De qué valen tus letreros luminosos? si sólo consiguen efectos psicóticos

tus semáforos si sólo sirven para perturbarme pero también tienes tu encanto

tus ascensores sin embargo no subimos ni bajamos pasamos solamente

tus teléfonos malogrados ¿Dónde ciudad tragamonedas iremos nosotros los desheredados de tu belleza? tal vez a vomitar en el baño

de alguna vieja cantina y luego viajaremos en microbús

percibiendo los hedores de tu herida pero aún no nos espantamos y sigo por estas calles donde aprendí abrir mi corazón a la melancolía abrir mi corazón como se abre la bragueta y derramar mi amor como orines

sobre las esquinas.

LIMA III

La ciudad me atrapa otra vez más entre sus fauces

y el olor de la basura cubre la calle como una ola Lima

capital de letrinas abarrotadas donde vomitaré el recuerdo de una noche borrascosa

que regresa a mí en una botella de cognac para beber en cada trago mi fracaso

y orinarlo una vez más en las esquinas observo el mundo fuera de mis órbitas y la duda perennizada en mis ojos

es sólo la chispa que desencadenará mi hoguera avanzo como un bólido persuadido por la inercia

sobre el sendero que inventan mis pasos iluminados

por el rayo que cruza el prisma de alguna lágrima espectral camino agotado de mí

voy con esta mirada clarividente y mi aliento flamígero de ángel maligno

a levantar mi voz sobre esta calle donde todos han callado y la calle no es sino el túnel de una carretera

mal asfaltada en la que a veces ventanas de un duro cristal

se rompen con el paso de los años mi voz viene de un tiempo amargo

viene desde esta violencia que fluye

como un carajo en las esquinas donde hay tantas luces regadas

que se creería en la caída de las estrellas ¿No soy acaso el verso el gemido el canto?

Poeta—Búho de un mundo feroz  todo yo mismo: túnel—infierno—sábado negro y derramo mis dudas sobre la hierba que refresca

mis heridas abiertas esta es mi sangre

contaminada como aguas del golfo Pérsico que se derrama en mis sueños como una danza sin música y la música ya se escucha deliciosamente sobre la rockola

de una cantina mesa sillas y botellas de cerveza que transforman la duda en resoluciones suicidas ¿Qué puedo hacer sino ahogarme una vez más

de alcohol

y tabaco? pero aunque termine de bruces sobre la vereda

nada se habrá callado si es que no me he callado

ahora que la duda es una brasa ardiente entre mis manos ardientes

que se atreven a dibujar este bello fulgor de mi hoguera desencadenada.

ANARQUÍA

A Rubén Grajeda

Sobre estas calles donde el amor es una palabra que no se ve por ningún lado descubrí un estado de ánimo tan bello

como una flor amarilla en la noche: Anarquía tuve que elevarme sobre ese amanecer

y dar pasos tan bellos como un triunfal Nureyev tuve que desgarrar mi corazón sobre el asfalto beber alcohol en la noche

gemir sobre un cuerpo que también gemía mi conciencia fue el diamante que cortó las olas de un mar infernal dibujado en la memoria:

demonios como ángeles esculpidos en piedras preciosas fuego tallado en rubíes sangrientos

cuadros extraídos de alguna desvariación de Dalí:

yo tengo la voz de los años perdidos la poesía es una actitud integral y en primavera nacen versos

como niños precoces de esta época velocísima tus espacios servirán para contener los desbordes

de mi imaginación que fluye a borbotones en la sangre de mi herida abierta a tu eternidad ¡Oh poesía!

eres cordillera de frutos tecnología de una estética burilada en la memoria pasión

desvelo cólera pues cada verso tiene su pasado

su presente y su futuro cada verso trae recuerdos emoción

ilusiones que agobian mis huesos robados como una fruta al pasado y el pasado es el recuerdo de una muchacha  a la que amé

con desequilibrio con lucidez psicótica en las noches que fue Atenea

cuando se desnudaba inteligencia y sabiduría de un cuerpo amado

como un poema

que aún no he escrito iré pues en busca de ese verso infinito iré como una radiación sobre esta noche tan agitada como un burdel para ricos donde se inician bellas adolescentes:

hay que destruir todo yo sólo puedo enunciar estos versos sobre el silencio porque el recital perfecto lo encuentro en soledad sin más auditorio que mis imágenes aferrándose al presente

donde los años aciagos resisten los impulsos de las aguas de estos océanos procelosos de los cuales emerjo yo tan puro como un dinosaurio que sobrevive al pasado.

A UN VIEJO POETA EN NORTEAMÉRICA

Porque regreso desde la noche cuando apenas soy una sombra perpetua en el muro de un triste jirón

largo cuerpo escarnecido

y no catarata de flores magníficas como un poema ni estrépito de luces

sobre la noche fratricida cuerpo y mente escarnecidos igual que una alucinación de mi materia gris

como el cielo de Lima donde veo cadáveres de versos flotando sobre las aguas del Rímac: cortejo de sinsabores y pesadillas que perturban mi sueño como un verso subterráneo o un verso metálico encadenado a mis palabras envilecidas en la resaca donde mis dudas fluyen a saltos como un néctar seminal ¿Qué madera protegerá mi cadáver cuando muera? en algún lugar crece el árbol

peligrosamente sensitivo ahora que mi agitación es el movimiento de un ave que nació en una jaula mas no el de un serafín que ha perdido las alas y menos el de un ángel volando sobre la ciudad moderna tú mucho antes que yo viejo Ginsberg pero yo solo en esta buhardilla del viejo teatro del mundo sin puertas y ventanas ni pajaritos de papel.

S/T

Tu tesoro, Carlos Oliva, es el amor que perdiste en tus manos de navegante ebrio, de náufrago sobre un tronco a la deriva, de marino agotado de tanto nadar contra la corriente, para llegar tenuemente hacia la resaca. Mi poesía en sí no tiene nada que ver con la poesía: es un clamor de condenado. Es una protesta, pero esta protesta es principalmente contra mí mismo. El canto por el canto en sí no existe (ni siquiera en los pájaros). El objeto de mi canto —lo que sea— es liberarme de mí mismo, negarme a mí mismo, es decir, salvarme de mí mismo. De mi propia autodestrucción que está a punto de desintegrar mi vida. Es una protesta contra mi condición humana, narcisista sórdida decadente.